Agustín Squella aprueba la reforma: «Hay problemas formales que han salido mal y también problemas de fondo»

Agustín Squella aprueba la reforma: «Hay problemas formales que han salido mal y también problemas de fondo»

Cuando se eligió convencionalmente a Agustín Squella (Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, 2009), muchos pensaron que sería una figura central. Pero hoy, admite que «tuve poca, muy poca influencia». “El hecho objetivo es que los ciudadanos se enfriaron con la Convención, luego se distanciaron y, de inmediato, desarrollaron cierto disgusto por ella”, dice.


-Usted fue una de las voces autocríticas del proceso constituyente. ¿Por qué decidió votar Aprobar?

-Tengo varias razones: primero, voté a favor de la mayoría de las disposiciones de la propuesta, y segundo, como el objetivo es reemplazar de una vez por todas la Constitución de 1980 -que tiene 42 años de vigencia-, da más garantías para respetar este objetivo es aprobar y luego mejorar la propuesta que hace la Convención que rechazarla y seguir marcando la pauta por no sé cuántos años más. Pero no estoy ciego: el rechazo podría triunfar, y la falta de autocrítica y cierto engreimiento de los convencionalistas sería una de las causas en tal caso.

– Si se aprueba el texto constitucional, ¿habrá que reformarlo en profundidad o bastará con maquillar o retocar?

-Más que un maquillaje, por cierto, y también más que un retoque. Hay problemas formales y también problemas de fondo, y no debemos caer en el narcisismo constitucional de creer que nuestro trabajo es intocable. La ley es un orden dinámico que anticipa su propio cambio, es decir, que establece instancias, reglas y procedimientos para su modificación, y la proposición también lo hace. Querer inmovilizar a la derecha es propio de estados de ánimo altaneros o conservadores.

-¿Cuáles son los elementos más importantes que deberían cambiarse?

-Los ajustados plazos que establece la propuesta en sus normas transitorias para que la Presidencia de la República y el Congreso Nacional tomen iniciativas encaminadas a implementar el texto de la propuesta. Deberías ir. En cuanto al fondo, revisar con cuidado las repeticiones innecesarias y mucha vaguedad en cuanto a la plurinacionalidad, pero sin desistir; llenar el vacío que quedaba en materia de estados de emergencia; revisar la composición del Consejo Nacional de Justicia; no renunciar en modo alguno a una determinada protección de la naturaleza, de la que forma parte la especie humana, sino pensar mejor si quizás la forma más eficaz y más realista de hacerlo es reconocer los derechos a la naturaleza.

¿Qué es lo más importante para todos? Ser feliz, pero nadie pensaría que por eso debemos establecer un derecho a la felicidad, cosa que afortunadamente no hemos hecho. Derecho a la búsqueda de la felicidad, sin dañar a los demás, pero no el derecho a la felicidad. No todo deseo es una necesidad, y no toda necesidad es un derecho.

-¿Cómo está tu estado de ánimo tras este intenso y agotador proceso? ¿Crees que lograste influir en el resultado final?

– Yo tenía poca, muy poca influencia, pero mis vaivenes dentro de la Convención no tenían que ver con eso, sino con el comportamiento que solemos mostrar los votantes: involucrarnos en contingencias en desacato a los actuales poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que están directamente vinculados a ellos, en circunstancias en que lo que teníamos en nuestras manos era nada menos que el futuro del país a nivel constitucional; las declaraciones desafortunadas, agresivas y provocadoras de muchos votantes inflados; una mayor conciencia de quiénes somos cada uno de nosotros que de dónde venimos y a qué servimos; disputas políticas del tipo que tienen los legisladores actuales cuando discuten un cuarto o quinto retiro. Fui autocrítico, y lo sigo siendo, porque en muchas ocasiones tuve la sensación muy desagradable de que yo mismo incluido, no estábamos a la altura de la tarea que se nos encomendaba.

– ¿A qué atribuye el hecho de que la Convención terminó con un apoyo débil y que el triunfo de la propuesta está en duda? ¿Es por las responsabilidades de los miembros de la Convención?

– Es decir, en gran medida. El hecho objetivo es que los ciudadanos se enfriaron con la Convención, distanciándose luego y, acto seguido, desarrollando un cierto disgusto por ella. Justo o injusto, eso fue lo que pasó, y nunca nos hicimos responsables de este fenómeno, que todos sentimos y no tomamos en serio. ¿Arrogancia? Por supuesto que lo teníamos, o al menos una dislocación obvia.

-Si ganas el rechazo, ¿te defraudará?

– Por supuesto que sí. Sería un fracaso. Un fracaso, sobre todo, porque dejaría en vigor quién sabe cuánto tiempo una Constitución heredada de una dictadura con la que podríamos llegar al medio siglo. ¿No es esto motivo de vergüenza para un país democrático?

– ¿Cree que es posible una nueva constitución si se rechaza el texto elaborado por la Convención?

-Debe ser. Hay al menos un compromiso de todos los sectores para que esto suceda. Más reformas, pero reemplazando la Constitución de 1980, para lo cual se pueden utilizar muchas disposiciones de la actual propuesta, si gana la Rechaza. No muchos, pero sí la mayoría. Sí, el objetivo es salir de la Constitución de 1980, pero también es tener una Constitución para el siglo en el que nos encontramos

– En este caso, ¿debería elegirse un nuevo Acuerdo con las mismas reglas que el anterior o deberían ser muy diferentes? ¿Porque?

-Una nueva Convención elegida por sufragio universal, con paridad entre hombres y mujeres y representación de los pueblos indígenas, y con la participación de independientes, pero con algunos cambios en el sistema de elección de los miembros de la Convención; por ejemplo, algunos siendo elegidos a nivel nacional y otros como representantes de las regiones.

¿Hay extremos ruidosos en ambos lados? ¿Te sientes muy distante de ellos? ¿Crees que se interponen en el camino de una conversación constructiva?

– Me siento totalmente distante, y lo he sentido también frente a estos extremos dentro de la Convención. El exceso nos ha hecho daño y puede seguir haciéndolo, y no viene de un solo lado, sino de prácticamente todos. La furia impide la conversación y en materia constitucional los países sólo pueden avanzar hablando, no en busca de una unanimidad imposible, sino de una mayoría muy amplia.


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